Crisis de confianza: las encuestas están mostrando una persistente caída en la imagen de Javier Milei
Milei y Adorni
Las encuestas volvieron a poner en alerta al Gobierno nacional. Luego del repunte que siguió a las elecciones legislativas de octubre, los sondeos de marzo reflejan una nueva caída en la aprobación y en la imagen del presidente Javier Milei, lo que abrió un debate entre consultores y analistas sobre si se trata de un retroceso momentáneo o de un cambio de tendencia más profundo.
Los datos coinciden en marcar un deterioro. Mediciones recientes ubican la aprobación de la gestión en torno al 38%, con una desaprobación que se acerca al 60%. En paralelo, también crece la proporción de la sociedad que responsabiliza directamente al actual gobierno por la situación económica, superando por primera vez a quienes apuntan a la herencia recibida. A esto se suma una baja en los niveles de confianza del consumidor, lo que refuerza el clima de incertidumbre.
El escenario recuerda, en parte, lo ocurrido antes de las elecciones legislativas, cuando los sondeos anticipaban un resultado adverso que finalmente no se concretó. Sin embargo, esta vez aparece un factor adicional que preocupa: el desgaste en la credibilidad del Gobierno.
Ese deterioro responde a lo que analistas describen como un doble frente. Por un lado, los cuestionamientos vinculados a episodios recientes, como el caso de la criptomoneda $Libra y las polémicas en torno al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que impactan sobre el discurso anticasta que fue uno de los pilares del oficialismo. Por otro, la dificultad para consolidar una baja sostenida de la inflación, que sigue siendo el principal termómetro de la gestión.
En febrero, el índice de precios volvió a ubicarse en torno al 2,9% y encadenó varios meses sin mostrar una desaceleración clara. Esto contrasta con las expectativas iniciales del propio Gobierno, que había proyectado una reducción más rápida del proceso inflacionario.
Entre especialistas, la mayoría coincide en que la credibilidad del Presidente se deterioró en las últimas semanas. Una parte considera que la caída puede revertirse, pero otro grupo advierte que la recuperación podría ser más compleja en esta etapa. Incluso, muchos sostienen que los problemas de confianza vinculados a la transparencia y la coherencia del discurso pueden tener un impacto más profundo que las dificultades económicas.
En ese marco, se consolida la idea de que la credibilidad es un factor central para sostener cualquier programa de reformas. La falta de confianza no solo afecta la percepción social, sino también las decisiones económicas, desde inversiones hasta cambios en el consumo.
Algunas señales ya se observan en la práctica. Medidas impulsadas por el Gobierno, como incentivos para la formalización de ahorros o reformas en el mercado laboral, avanzan con cautela en el sector privado, donde persisten dudas sobre su continuidad en el tiempo y el escenario político a futuro.
Así, el oficialismo enfrenta un desafío doble: necesita mostrar resultados concretos en la economía para recuperar respaldo, pero al mismo tiempo debe reconstruir confianza para que esas medidas tengan impacto. Sin uno de esos factores, el otro pierde efectividad.
En el corto plazo, el contexto internacional podría ofrecer cierto alivio discursivo. La suba del precio del petróleo y las tensiones globales empiezan a presionar sobre la inflación en distintos países, lo que podría servir como argumento para explicar eventuales desvíos en la meta local.
Sin embargo, hacia adentro, el desafío es más complejo. Para recomponer su vínculo con la sociedad, el Gobierno deberá revisar no solo resultados económicos, sino también su estrategia política, sus mensajes y la coherencia entre el discurso y la gestión.