¿Cuántas personas morirían en una guerra nuclear? Los pocos lugares que podrían salvarse

Las proyecciones más pesimistas estiman que una guerra nuclear a gran escala podría causar hasta cinco mil millones de muertes


El temor a una escalada militar global volvió a instalarse en el escenario internacional mientras aumentan las tensiones entre potencias con capacidad nuclear. En medio de ese contexto, distintos estudios científicos analizaron qué países podrían resistir un conflicto nuclear mundial y cuáles sufrirían consecuencias devastadoras. 

La Argentina, por su ubicación geográfica, no estaría entre los primeros objetivos militares, pero tampoco quedaría a salvo de los efectos de una guerra de esa magnitud.

Actualmente existen alrededor de 12.000 armas nucleares en el planeta, muchas de ellas con un poder destructivo mucho mayor al de las bombas utilizadas en la Segunda Guerra Mundial. Si una parte significativa de ese arsenal fuera utilizada, el impacto no se limitaría a las explosiones iniciales. El mayor riesgo sería el llamado invierno nuclear, un fenómeno climático provocado por el humo y las partículas liberadas por incendios masivos tras las detonaciones.

Las explosiones nucleares pueden generar bolas de fuego que alcanzan temperaturas cercanas a 100 millones de grados Celsius, capaces de destruir ciudades enteras en segundos. Sin embargo, los científicos advierten que el verdadero desastre vendría después. Las partículas liberadas a la atmósfera bloquearían la luz solar durante años, provocando un descenso de temperaturas globales y el colapso de la agricultura.

Las proyecciones más pesimistas estiman que una guerra nuclear a gran escala podría causar hasta cinco mil millones de muertes, principalmente por hambre, enfermedades y el colapso del sistema productivo mundial. En muchos países, los cultivos desaparecerían durante años, lo que generaría una crisis alimentaria sin precedentes.

En ese escenario extremo, algunos territorios tendrían más posibilidades de resistir. Investigaciones recientes sostienen que Australia y Nueva Zelanda aparecen entre los países con mejores condiciones para sobrevivir a largo plazo, gracias a su aislamiento geográfico, baja densidad poblacional y capacidad para producir alimentos incluso bajo condiciones climáticas adversas.

Argentina, aunque no figura entre los territorios más seguros, tendría ciertas ventajas estratégicas frente a muchas regiones del mundo. Su ubicación en el hemisferio sur la coloca lejos de los principales focos de poder nuclear, concentrados en el hemisferio norte, donde se encuentran Estados Unidos, Rusia, Europa, China y gran parte de Asia.

Además, el país posee una de las mayores capacidades de producción de alimentos del planeta. La extensa superficie agrícola de la Pampa Húmeda, junto con recursos hídricos importantes y una baja densidad poblacional en amplias zonas del territorio, podrían permitir sostener cierto nivel de abastecimiento interno en un escenario de crisis global.

Sin embargo, eso no significaría inmunidad frente a un conflicto nuclear mundial. El invierno nuclear afectaría también al hemisferio sur, reduciendo la radiación solar, alterando las lluvias y provocando descensos de temperatura que impactarían directamente en los cultivos. Incluso en las regiones más fértiles del país, la producción agrícola podría caer de manera drástica.

Otro problema grave sería el colapso del comercio internacional. Argentina depende en gran medida de las exportaciones agroindustriales y del funcionamiento del sistema financiero global. En una guerra nuclear, los mercados mundiales se paralizarían, los sistemas logísticos colapsarían y las cadenas de suministro quedarían interrumpidas.

También existiría el riesgo de migraciones masivas desde regiones devastadas del planeta hacia zonas relativamente más estables. América del Sur podría transformarse en un destino para millones de personas que intentarían escapar de los efectos directos del conflicto.

A esto se sumaría otro fenómeno preocupante: la destrucción parcial de la capa de ozono, que incrementaría la radiación ultravioleta en la superficie terrestre. Esto afectaría tanto a la salud humana como a los ecosistemas y a la producción agrícola.

En definitiva, aunque Argentina podría tener mejores condiciones de supervivencia que muchas regiones del mundo debido a su geografía y su capacidad de producir alimentos, un conflicto nuclear global transformaría completamente la vida en el planeta. Incluso los países que no fueran atacados directamente enfrentarían años de crisis alimentaria, colapso económico y cambios profundos en el orden internacional.

En un escenario así, la conclusión de la mayoría de los analistas es contundente: una guerra nuclear no tendría verdaderos vencedores. Incluso los territorios que lograran evitar las explosiones iniciales deberían enfrentarse a un planeta profundamente alterado y a una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad.