Influencers políticos: ¿nueva moda o llegaron para quedarse? ¿De qué viven?

Patricio Colombres y Gosen


En Tucumán está emergiendo una tendencia que despierta debate: los influencers políticos. Se trata de personas que, a través de videos en redes sociales, lanzan críticas y opiniones sobre la realidad política. Se presentan como voces independientes, “no compradas”, pero sus vínculos y apariciones dejan dudas sobre si realmente son ciudadanos espontáneos o actores políticos en campaña.

Ayer, un hombre llamado Patricio Colombres difundió un video en el que relató cómo desde La Libertad Avanza se le acercaron para coordinar su contenido. Este testimonio expone la delgada línea entre la opinión ciudadana y la estrategia partidaria.

Lo que para él fue un intento de visibilizar lo que ocurre en su entorno, terminó convirtiéndose en un ataque personal que lo expone como víctima de la violencia digital. Su experiencia refleja cómo la política, cuando se traslada al terreno de las redes sociales, puede volverse un espacio hostil donde las voces más vulnerables son las primeras en ser cuestionadas.

Otro caso es el de Gosen, un influencer conocido en redes por sus videos críticos. Su actividad digital lo vincula directamente con La Libertad Avanza: publicó fotos junto al diputado José Luis Huesen y al diputado Federico Pelli, además de haber estado presente en el Congreso durante la apertura de sesiones ordinarias. Estas apariciones dejan expuesto un lazo político que invita a preguntarse si se trata de un ciudadano comprometido o de un militante encubierto.

El infuencer libertario Gosen junto a Pelli

Gosen junto al diputado Gerardo Huesen

La pregunta central es inevitable: ¿de qué viven estos influencers? ¿Son financiados por partidos políticos? ¿Aspiran a ocupar cargos públicos? ¿O simplemente buscan notoriedad en redes sociales? En un contexto donde la política se mezcla cada vez más con la lógica del marketing digital, la figura del influencer político abre un nuevo capítulo en la comunicación y la propaganda.

Lo cierto es que esta “moda” ya está instalada en Tucumán. La incógnita es si se trata de un fenómeno pasajero o si estamos frente a una nueva forma de hacer política que llegó para quedarse.