Caminar o correr después de los 50: qué conviene más para el corazón, el peso y la longevidad
Después de los 50 años, tanto caminar como correr pueden aportar beneficios para la salud. La elección depende del estado físico, los antecedentes médicos y los objetivos de cada persona.
Especialistas en cardiología y medicina deportiva remarcan que la edad no es una limitación por sí sola, pero recomiendan adaptar la actividad a la condición física y comenzar
de manera progresiva. Para quienes son sedentarios, tienen sobrepeso o molestias articulares, la caminata rápida suele ser una buena forma de empezar. En personas activas
y sin contraindicaciones, en cambio, el trote puede mejorar la capacidad aeróbica y ayudar a fortalecer los huesos.
En cuanto al cuidado del corazón, los especialistas recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad intensa, además
de incorporar ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana. Para controlar el peso, también es importante el volumen total de actividad semanal, mientras que para proteger
las articulaciones se aconseja sumar ejercicios de fortalecimiento muscular.
Quienes quieran comenzar a correr después de los 50 pueden hacerlo mediante una progresión gradual, alternando minutos de caminata y trote y aumentando el tiempo de carrera
de manera paulatina. Los especialistas también advierten sobre algunas señales de alarma: dolor en el pecho, falta de aire inusual, mareos, palpitaciones o sensación
de desmayo requieren suspender la actividad y realizar una consulta médica. La conclusión de los expertos es que la constancia es más importante que la intensidad. Caminar
es una opción accesible y de bajo impacto, mientras que correr puede ser beneficioso cuando existe una buena base física y una adaptación progresiva.