Cuando la vida se vuelve una app: la obsesión por medirlo todo y la presión de optimizar cada detalle del día a día
El avance de las aplicaciones y dispositivos que registran pasos, calorías, horas de sueño y actividad física abrió una nueva forma de relacionarnos con el cuerpo y la rutina diaria. Lo que comenzó como una herramienta para mejorar la salud, en muchos casos se transformó en una lógica de control constante y optimización permanente de la vida cotidiana.
En diálogo con Infobae a la Tarde, la politóloga Piera Fernández analizó este fenómeno y advirtió sobre la creciente presión social por “rendir” incluso en aspectos que antes estaban fuera de toda medición. “Vivimos bajo una presión de optimización constante”, resumió durante la entrevista.
El fenómeno, conocido como quantified self o “yo cuantificado”, impulsa el registro continuo de datos personales con el objetivo de mejorar el rendimiento físico y mental.
Sin embargo, según Fernández, esa lógica puede derivar en nuevas formas de exigencia y autoevaluación permanente. La especialista relató su propia experiencia con una aplicación que contabiliza calorías a partir de imágenes de alimentos e incluye elementos lúdicos, como una mascota virtual que reacciona según la alimentación del usuario. Para Fernández, este tipo de sistemas reemplaza criterios profesionales por algoritmos estandarizados que no contemplan la singularidad de cada persona.
En ese sentido, planteó que la vida cotidiana comienza a organizarse como una “planilla de datos”, donde cada acción puede ser medida, comparada y evaluada. Esta dinámica, sostuvo, también abre la puerta a una fuerte presión social vinculada a la imagen corporal y los estándares de rendimiento. Durante el análisis, la politóloga advirtió además sobre
el impacto económico de esta tendencia, ya que las plataformas no solo registran información, sino que construyen perfiles de consumo altamente detallados. “Además de mis clics, ahora también le estoy dando a una empresa datos sobre todo lo que como”, señaló.
El debate incluyó también la tensión entre control y bienestar. Mientras algunos especialistas consideran que estas herramientas pueden aportar orden y motivación, otros advierten que pueden reforzar la ansiedad y la autoexigencia. Hacia el cierre de la columna, se planteó una reflexión sobre los límites de esta lógica: no todo en la vida puede ni debería ser medido. “Las cosas tienen precio. Las cosas tienen métricas. Las personas tenemos dignidad, y la dignidad no se mide”, fue una de las frases que sintetizó el intercambio.