Abrió las puertas de su casa para que sus vecinos vieran Argentina-Austria en un pueblo sin electricidad
Mientras Argentina enfrentaba a Austria por el Mundial 2026, la casa de Ronald Salazar se convirtió en un punto de encuentro para los vecinos de Piruaj Bajo, una comunidad del norte santiagueño donde el tendido eléctrico todavía no llegó.
Ronald tiene 41 años, trabaja haciendo carbón y en tareas vinculadas a la producción de postes de madera. Vive prácticamente desde siempre en esta zona alejada de los grandes centros urbanos, donde la vida cotidiana exige organizarse frente a dificultades que en otros lugares parecen resueltas.
Una de ellas es poder ver un partido de la Selección. Por eso, cuando Argentina salió a la cancha, familiares, amigos y vecinos comenzaron a acercarse a su vivienda. Algunos llegaron caminando y otros en moto. Todos buscaban lo mismo: una pantalla encendida para seguir a la albiceleste.
“Si uno tiene la posibilidad, comparte”, resumió Salazar.
En su casa, la electricidad llega a través de paneles solares. Ese sistema le permite alimentar algunos artefactos, aunque depende de las condiciones del tiempo. Los días nublados complican la carga de las baterías y obligan a administrar cuidadosamente la energía disponible.
“Venimos de muchos días nublados y eso complica la carga de las baterías”, explicó. A pesar de eso, decidió encender el televisor y abrir su casa para quienes quisieran compartir el partido.
La conexión a internet también funciona gracias a un esquema comunitario. Un vecino contrató el servicio y desde allí se distribuye la señal entre distintas familias. Sin embargo, la conectividad no siempre es estable: a veces la señal se debilita o directamente se corta.

Por eso, en Piruaj Bajo, ver un partido del Mundial puede depender de varios factores al mismo tiempo: que haya batería suficiente, que el televisor aguante encendido y que internet no falle. Aun así, para Ronald la situación actual representa un avance enorme respecto de lo que vivió durante su infancia.
Durante muchos años, la única alternativa era trasladarse hasta San José del Boquerón para mirar los encuentros más importantes. “Cuando era más joven iba con los changos para allá. A veces terminaban los partidos de noche y recién volvíamos a la madrugada”, recordó.
También hubo una época en la que la radio era el principal vínculo con el exterior. “Antes se escuchaban mucho más los partidos por radio. Hoy ya no tenemos ninguna señal que llegue al pueblo, así que la única manera de verlo es si tenemos internet”, señaló.
Con el tiempo llegaron los celulares, la conexión compartida y los paneles solares. Pero la comunidad sigue esperando una obra clave: el tendido eléctrico. Para los vecinos, contar con electricidad permitiría mejorar las condiciones de vida, trabajar con herramientas y desarrollar nuevas actividades.
“Se podrían hacer otras cosas, tener herramientas, trabajar de otra manera”, explicó Ronald.
Mientras tanto, la vida sigue entre el horno de carbón, los postes de madera y las tareas diarias. Pero cuando juega Argentina, la rutina se detiene. Si la batería acompaña, la señal resiste y el televisor permanece encendido, la casa de Ronald vuelve a transformarse en un pequeño estadio improvisado.
Allí, los vecinos no sólo comparten un partido. También comparten una forma de sostenerse como comunidad, en un lugar donde la electricidad todavía no llegó, pero la pasión por la Selección siempre encuentra la manera de hacerse presente.