Cuáles incógnitas desvelan a los investigadores que siguen la pista de la cocaína traída desde Catamarca
La investigación por el secuestro de 470 kilos de cocaína realizado el viernes pasado sobre la ruta nacional 157, en el sudeste de Tucumán, continúa sumando elementos que fortalecen la hipótesis de que la droga ingresó al país mediante una operación aérea vinculada al narcotráfico internacional. Sin embargo, el fiscal federal Rafael Vehils Ruiz advirtió que aún es temprano para arribar a conclusiones definitivas debido a la complejidad del expediente.
“Todavía es prematuro sacar conclusiones porque hay muchas cuestiones por analizar”, sostuvo el representante del Ministerio Público Fiscal, quien encabeza la instrucción de una de las causas de narcotráfico más importantes registradas en la provincia en los últimos años.
A medida que avanzan las actuaciones, los investigadores comenzaron a consolidar algunas líneas de trabajo. La principal apunta a que los 470 kilos de cocaína no habrían ingresado por vía terrestre, sino mediante un vuelo clandestino. Entre los indicios que respaldan esta teoría figuran los 15 bultos de arpillera verde donde estaban distribuidos los 449 ladrillos de droga hallados en la camioneta Toyota Hilux interceptada por Gendarmería Nacional.
Otro elemento que llamó la atención de los investigadores fue el hallazgo de tres bidones con combustible en la caja del vehículo. Aunque inicialmente surgieron versiones que indicaban que podrían haber sido utilizados para confundir a los perros antinarcóticos, especialistas consultados señalaron que este tipo de recipientes suele ser empleado por pilotos narcos para reabastecer aeronaves durante operaciones clandestinas.
La procedencia de la droga constituye otro de los ejes centrales de la pesquisa. El sello del delfín estampado en los paquetes orienta las sospechas hacia Bolivia. Según investigaciones previas, esa marca estaría asociada al clan Castedo, una organización narco con fuerte presencia en el norte argentino.
El principal referente de esa estructura, Reinaldo Delfín Castedo, cumple actualmente una condena a prisión perpetua en el penal federal de Ezeiza. No obstante, los investigadores consideran que miembros de su entorno familiar continuarían vinculados al tráfico de estupefacientes.
La gran incógnita ahora es determinar dónde se produjo la descarga del cargamento. Todas las sospechas apuntan a un campo ubicado en la provincia de Catamarca, aunque todavía no se estableció si la aeronave aterrizó para descargar la droga o si utilizó la modalidad conocida como “bombardeo”, consistente en arrojar los bultos desde el aire.
Fuentes judiciales revelaron que uno de los investigados tendría familiares propietarios de tierras en territorio catamarqueño, circunstancia que se encuentra bajo análisis dentro de la causa.
Sin embargo, esta hipótesis también presenta interrogantes. Uno de ellos es el recorrido utilizado para trasladar posteriormente la cocaína. Los investigadores observan que la ruta 157 no representa el trayecto más corto ni el más conveniente para transportar el cargamento. Incluso posee una cantidad de controles similar a la ruta nacional 38, que en principio habría resultado una alternativa más lógica.
Tampoco existe certeza sobre el destino final de la carga, valuada en más de 2,3 millones de dólares. Algunos investigadores creen que el centro de acopio podría encontrarse en alguna localidad cercana a Famaillá, lo que explicaría el itinerario seguido por el transporte. Otros consideran que la propia ciudad podría haber sido el destino final debido a los vínculos que tendrían algunos de los sospechosos investigados en la causa.
En paralelo, surgió una hipótesis que, aunque todavía aparece como secundaria, podría revelar una modalidad inédita para el traslado de estupefacientes en la región. Según información recibida por los pesquisas, vecinos de distintos sectores denunciaron en los últimos meses movimientos frecuentes de avionetas que aterrizaban y despegaban en lugares no habilitados.
A partir de esos testimonios, comenzó a analizarse la posibilidad de que la droga sea descargada inicialmente en Catamarca, trasladada por vía terrestre hasta Tucumán y posteriormente cargada en otra aeronave para continuar viaje hacia provincias más próximas a los puertos de exportación ilegal. Esta teoría también podría explicar la presencia de los bidones de combustible encontrados junto al cargamento.
Otro aspecto que distingue este expediente de otras investigaciones por narcotráfico es el perfil de los detenidos y de las personas que aparecen mencionadas en la causa. Según trascendió, todos poseen emprendimientos comerciales y mantienen o mantuvieron vínculos políticos con distintos sectores del peronismo tucumano.
A diferencia de otros casos resonantes, los investigadores destacan que ninguno exhibe en redes sociales signos evidentes de ostentación económica o patrimonial que permitan asociarlos con movimientos financieros incompatibles con sus actividades declaradas.
Uno de los datos más relevantes incorporados en las últimas horas involucra a Marcos Martín Nacif, detenido cuando transportaba la droga. Los registros migratorios revelaron que durante los últimos años realizó al menos 46 cruces por puestos fronterizos ubicados en Salvador Mazza, Puerto Chalanas, Bernardo de Irigoyen y Paso de los Libres.
Por el momento, las razones de esos viajes no fueron esclarecidas y forman parte de las medidas investigativas que desarrolla la Justicia Federal.
Mientras continúan las diligencias para reconstruir la ruta de los 470 kilos de cocaína, identificar a todos los integrantes de la organización y establecer el origen y destino del cargamento, la causa se consolida como una de las investigaciones más trascendentes sobre narcotráfico en Tucumán y refuerza las sospechas sobre la utilización del NOA como corredor estratégico para el tráfico aéreo de estupefacientes.