Una multitud despidió al Indio Solari en todo el país: el domingo lo velarán, aunque aún no está definido el lugar
La repentina muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, uno de los bastiones del rock nacional, paralizó a todo el país. De norte a sur y de este a oeste, grandes y chicos se encolumnaron para celebrar una última misa ricotera. Aunque, esta vez, la tradicional fiesta se replicó en casi todas las capitales para despedir al ídolo que tuvo “el pogo más grande de la historia”.
Entran a la Plaza de Mayo una mujer que se tatuó “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” en la cabeza, un pibe de 15 años que se rateó de la escuela y vino desde Pacheco, una nena de 2 que aplaude a cococho de su papá, un vendedor de turrones con la mercadería sobre el hombro y la tristeza en todo el cuerpo, y tres sesentonas que compraron ropa importada en Florida y ahora cantan y lloran. Ninguno sabe del todo quién organizó esta despedida, pero todos saben las canciones que canta el hombre del falsete que sale por los parlantes y está en las remeras y en los corazones de los que se van amuchando para decir adiós.
El Indio ha muerto y acá, en el corazón cívico de la Argentina y en la ciudad en la que el frontman redondo tocó por última vez en el año 2000, nadie espera ningún anuncio formal para empezar a despedirse. Hay llanto, pogo, fernet, abrazos y en el aire suenan algunos de los versos más inolvidables de la música de este país. Sobre el piso de la plaza, un artista dibuja con tiza a Solari y escribe una de esas líneas: “Donde hay dolor, habrá canciones”.
Byron y Augusto se tomaron un colectivo, el tren y el subte. Tienen 15 años y aprendieron las letras de Los Redondos porque, antes de ser la banda sonora de sus vidas, fueron las de sus mamás y papás. Augusto faltó a la escuela sin avisar y tal vez su mamá se enoje, pero sabe que su papá -“ricotero a morir”, dice- saldrá en su defensa.

“Nunca escuché letras como las del Indio. Escucho mucha música de ahora y me gusta, pero no hay como él”, dice Byron, sentado junto a Augusto en un pilote de cemento de la Plaza de Mayo.
Bien cerca de la Pirámide, cuatro parejas de jubiladas bailan “Mi perro dinamita” mientras suena por los parlantes y cientos de personas la cantan. Ninguna de ellas se lo propuso, pero están dando una clase magistral de rocanrol. “A mí, los Redondos me gustan desde que soy piba. Me los mostró mi hermano mayor y yo se los pasé a mis amigas en su momento, y después a mis tres hijos y a mis nietos”, dice Susana, una de las rocanroleras. Vive en Núñez y es arquitecta.
Facundo llora y estira una remera como para que la vean los demás dolientes de esta tarde que se parece a una fiesta y se parece al dolor. La remera tiene una foto de Miriam, su mamá, que sonríe y tiene un brazo amoratado. Dice “Pensando en vos siempre”, un verso made in Solari, y tiene, chiquito, el logo de Patricio Rey.
“Mi hijo me pidió hacer la remera cuando tenía ocho años y mi mamá se había muerto. La quería para ponérsela debajo de la camiseta de su club y que se viera cuando festejara un gol. Ese año salieron bicampeones”, cuenta Facundo, y se seca las lágrimas con el puño del buzo.
Dice: “Vine de Varela. Llorando y escuchando sus canciones, que son mi vida”. Es operario en el puerto, en Retiro, pero está de vacaciones.
Claudio tiene 54 años y pausó la app de delivery para la que pedalea seis días por semana. Encadenó la bicicleta a una de las vallas que rodea la Pirámide de Mayo y ahora está, con la mochila de repartir y todo, metido en el pogo de “Jijiji”, el himno grabado en Oktubre que Los Redondos y también el Indio, junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, usaban para despedirse cada vez del escenario.
Claudio llora y salta, y llora y salta, y cuando sale del pogo dice que espera no haberse lastimado la rodilla porque mañana hay que pedalear. Está extasiado y está tristísimo: “Seguí a Los Redondos, al Indio y a Skay por todos lados. Conocí mi país siguiéndolos, y eso le pasó a un montón de gente y no lo logró ninguna otra banda. Hoy se murió el poeta de mi vida”, afirma.

En la Plaza suenan “Un ángel para tu soledad”, “Todo preso es político”, “La bestia pop”, “Nadie es perfecto”, “Preso en mi ciudad” y “El arte del buen comer”. Todos cantan todas. De las bocas del subte, de las paradas de colectivo y caminando desde sus oficinas siguen llegando los que quieren despedir al Indio.
Jazmín salió de trabajar en Avellaneda y ahora exhibe sus tatuajes ricoteros, uno por uno. Tiene 36 años y su mamá no la dejaba ir a ver a Los Redondos en sus años de secundaria. “Pero a los 18 ya no me podía decir nada”. Vio al Indio y a Los Fundamentalistas en La Plata, Tandil, Olavarría, Salta y Gualeguaychú. Dice que Solari “es lo más grande que hay” y que “la plaza se está llenando de gente porque eso es lo que pasa con los mitos populares”.
No hay ninguna pantalla para mirar esta tarde. Nadie va a hacer un anuncio ni a decir unas palabras alusivas. Hay una cosa por hacer, en medio de la tristeza y la conmoción: solo seguir cantando.

Pero el encuentro entre los ricoteros no se acotó solo a la Ciudad de Buenos Aires. Uno de los focos fue la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, donde cientos de fanáticos ya habían programado su viaje para asistir al show que Los Fundamentalistas habían anunciado para este sábado 6.
Así, los seguidores se congregaron en la Plaza San Martín, con banderas e, incluso, instrumentos musicales para darle vida al Indio a través de sus canciones. Se espera que la imagen vuelva a repetirse en el concierto que, pese a las circunstancias, seguirá en pie.
“No sabemos bien qué hacer. El durísimo golpe nos da en el cuerpo, pero abatidos como estamos, el corazón nos pide juntarnos”, comunicó la banda este viernes a la noche, tras anunciar que lo que pase en el escenario también podrá verse en vivo por internet para el resto del país. “No va a ser fácil, tampoco va a ser el concierto que habíamos pensado, pero juntarnos y estar cerca nos parece lo único medianamente reparador. Te amamos, Indio”, concluyeron.

En La Plata, a menos de 100 km de distancia, también se gestó otra misa espontánea en el pleno corazón de la capital bonaerense. En la intersección de la Avenida 7 y calle 50, los platenses también entonaron las canciones del Indio.
Los residentes de la ciudad que lo vio crecer y formarse, lloraron y compartieron abrazos. De hecho, a modo de homenaje, las autoridades municipales decretaron el duelo por tres días.
La partida de “la bestia pop” también tiñó la felicidad de Mar del Plata, donde las banderas y los bombos intentaron replicar otro de los shows del ídolo. En la zona de Avenida Luro y Bartolomé Mitre, la gente comenzó la procesión a partir de las 18:00 horas al pie del Monumento al General José de San Martín.
Como era de esperarse, su ciudad natal, Paraná, celebró al Indio en la Plaza 1° de Mayo. "Con mucho dolor y dejándolo salir. Estoy haciendo lo que hay que hacer, disfrutar. Es un pedazo de mi vida“, admitió una de las ricoteras presentes en diálogo con El Once.
No obstante, la ciudad de Gualeguaychú quizás sea el lugar en donde se realizó el primer mural póstumo en honor al Solari. Mientras la gente despedía al fundador de los Redonditos de Ricota en la Avenida Parque y España, el artista local Diego Abu Arab los convocó a que, al igual que el cantante lo hizo con sus letras, dejaran su huella en una de las paredes.

De la misma manera, el centro histórico de Córdoba fue el punto elegido por los seguidores cordobeses para despedir al músico. Alumbrados por las velas y acogidos por el amor de la gente, la consigna que marcó al encuentro fue “No es un adiós, es un hasta siempre. El Indio es eterno”.
Sin necesidad de que alguien convocara a celebrar la misa ricotera después de las seis de la tarde, el horario se respetó en prácticamente todo el país. Uno de ellos fue el Monumento a la Bandera en Rosario, que recibió a miles de ricoteros que, entre abrazos, llanto y algún trago, despidieron al rockero.
Un padre con su hija subida a los hombros expresó al noticiero de El Tres que vivía la partida del Indio con mucha emoción. Sin embargo, remarcó: “Esto recién empieza, porque es un legado muy grande que nos deja con sus letras y canciones. Era un grande, un héroe”.

En el mástil de Posadas (Misiones) y en la Plaza Libertad de Santiago del Estero también lloraron al Indio. Bajo la consigna de llevar sus banderas y “ganas de hacer honor al Rey”, la misión comenzó pasadas las 18. La misma imagen se replicó en la Plaza 9 de Julio de Salta capital y en la Plaza Belgrano de San Salvador de Jujuy.
Tucumán, San Juan, San Luis, Catamarca y Mendoza tuvieron sus propias misas ricoteras. Unidos por el dolor colectivo, los seguidores del músico comenzaron a juntarse desde temprano en las plazas centrales de sus respectivas capitales.
Más al sur, en Neuquén y Bariloche (Río Negro), el frío no fue impedimento. Incluso, las calles de los alrededores del Centro Cívico de Bariloche fueron cerradas para el paso vehicular y, así, permitir la libre circulación de la gente. /Infobae