El celular está cambiando los nacimientos en el mundo: los datos sorprenden

Interés General 18/05/2026 Por
El celular está cambiando los nacimientos en el mundo: los datos sorprenden

En Corea del Sur, hace cinco años, la ONU calculaba que en 2023 nacerían 350.000 chicos. Nacieron 230.000.


La proyección se equivocó por casi el 50%. Y no fue un caso aislado: en buena parte del mundo la natalidad está cayendo más rápido de lo que cualquier modelo había previsto.


Un análisis publicado este fin de semana por el periodista del Financial Times John Burn-Murdoch ordenó los números globales y llegó a una conclusión incómoda: detrás del derrumbe de la última década aparece un sospechoso nuevo. El smartphone.


Dos tercios del mundo, por debajo del nivel de reemplazo


El dato general ya es elocuente. En más de dos tercios de los 195 países del mundo, el promedio de hijos por mujer está debajo de 2,1: la cifra mínima que necesita una población para mantenerse estable sin migración.


En 66 países el número está más cerca de uno que de dos. En algunos, el valor más frecuente de hijos por mujer es directamente cero.

No es sólo un fenómeno de países ricos.


En 2023, según el FT, la tasa de natalidad de México perforó por primera vez la de Estados Unidos. Es decir, las mexicanas pasaron a tener, en promedio, menos hijos que las estadounidenses. Después pasó lo mismo con Brasil, Túnez, Irán y Sri Lanka. Países de ingresos medios y bajos están envejeciendo antes de volverse ricos.


Por qué importa para la economía


El envejecimiento poblacional achica la fuerza laboral, frena la productividad y mete presión sobre las cuentas públicas. El estancamiento japonés desde los ’90 se explica casi por completo por la caída de su población en edad de trabajar.


Jesús Fernández-Villaverde, profesor de Economía en la Universidad de Pennsylvania, lo sintetiza así: la caída de la fertilidad es la gran pregunta de nuestro tiempo. Casi todos los problemas urgentes, dice, son derivados de ese fenómeno.


Elon Musk fue más allá y la describió como el principal riesgo para la civilización.


El dato que rompe el lugar común: la gente quiere tener hijos


Acá viene lo contraintuitivo. La caída no se explica porque la gente haya decidido no tener hijos. La mayoría de los jóvenes, hombres y mujeres, sigue diciendo en encuestas que quiere dos.


Lo que cambió, según la investigación del demógrafo Stephen Shaw citada por el FT, no es cuántos hijos tienen las madres. Ese número se mantiene estable o incluso sube. Lo que se derrumbó es la proporción de mujeres que llegan a tener al menos uno.


Los especialistas la llaman "brecha de fertilidad": el hueco entre lo que la gente quiere y lo que termina pasando.


Y se concentra en un grupo muy específico: el de menores ingresos y menor nivel educativo. Entre los universitarios, la formación de parejas y la cantidad de hijos se mantiene o sube. La formación de familias, escribe Burn-Murdoch, se volvió en forma de K.


La vivienda explica la mitad. ¿Y la otra mitad?


El análisis del FT muestra que en Estados Unidos y el Reino Unido cerca de la mitad de la caída en la fertilidad desde los 90 se explica por la baja del acceso a la propiedad y por el aumento de jóvenes que siguen viviendo con sus padres.


Sin un hogar propio, los compromisos de largo plazo se postergan. Lógico.


Pero eso no alcanza para explicar lo que pasó en la última década. En los países nórdicos, donde hay estabilidad económica y la mayoría de los jóvenes vive solo, la natalidad también se derrumbó.


El gasto estatal tampoco compensa. Desde los 80, los países desarrollados triplicaron en términos reales el gasto per cápita en asignaciones, jardines maternales y licencias parentales. La tasa promedio de fertilidad bajó igual: de 1,85 a 1,53 hijos por mujer.


Algo más estaba pasando.


La pista del 4G


Un paper reciente de Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la Universidad de Cincinnati, cruzó los datos de natalidad con la fecha en que llegó la red 4G a cada zona de Estados Unidos y Reino Unido.


El resultado: la natalidad empezó a caer primero y más rápido donde llegó antes el internet móvil de alta velocidad.


Burn-Murdoch llevó la mirada al mundo entero, cruzando natalidad con la masificación del smartphone medida en búsquedas de Google. Los puntos de quiebre coinciden país por país:


Estados Unidos, Reino Unido y Australia: 2007.


Francia y Polonia: 2009.


México, Marruecos e Indonesia: 2012.


Ghana, Nigeria y Senegal: entre 2013 y 2015.


En cada caso, el punto donde la curva de natalidad se quiebra coincide con la llegada masiva del smartphone. Y cuanto más joven el grupo, más pronunciada la caída. Un espejo del uso de pantallas.


Menos vida social, menos parejas, menos hijos


¿Cómo conecta un teléfono con un nacimiento que no ocurre?


El argumento es indirecto pero potente. El celular cambió cómo los jóvenes pasan tiempo entre ellos. En Corea del Sur, según los datos que cita el FT, la socialización presencial entre adultos jóvenes se redujo a la mitad en 20 años.


Lyman Stone, demógrafo, lo resume así: encontrar pareja requiere conocer a mucha gente. Si esa exposición al mundo real se achica, el proceso se alarga o no termina nunca.

Y agrega otro punto: las expectativas ahora se calibran con Instagram, no con la gente con la que uno se cruza en el barrio.


Anna Rotkirch, demógrafa finlandesa, suma un dato fisiológico: en parejas jóvenes, la disfunción sexual es más alta entre quienes consumen más redes sociales.


Alice Evans, de Stanford, observa que el impacto del celular es mayor en sociedades con roles de género tradicionales. Coincide con lo que muestran los datos: Medio Oriente y América Latina están entre las regiones con las caídas más pronunciadas de la última década.


Para Evans, las redes permiten a las mujeres jóvenes "saltearse" a las autoridades culturales tradicionales y elevar sus expectativas en la pareja. A un ritmo, dice, que sus pares varones no están acompañando.


¿Hay solución?


Burn-Murdoch es directo: no hay forma de desinventar el smartphone.


Lo que sí hay, dice, es evidencia firme de que el acceso a viviendas adecuadas aumenta las chances de que las parejas formen familia. Los "bonos por nacimiento" pueden ayudar, pero sólo si son generosos.


El punto de fondo del análisis es otro, y es el que más debería ocupar a quien diseña política pública: las medidas pensadas para "ayudar a parejas felices a tener hijos" pierden sentido cuando el problema previo es que cada vez hay menos parejas.


La caída de la natalidad, escribe el FT, es la cara visible de algo más amplio. Una generación más sola, más aislada, con menor bienestar. /El Economista

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