El milagro en Tucumán que en 2021 llevó a la beatificación de Fray Mamerto Esquiú

Tucumán y Mundo 11/05/2026 Por
El milagro en Tucumán que en 2021 llevó a la beatificación de Fray Mamerto Esquiú

Un caso médico ocurrido en Tucumán, seguido durante años por especialistas argentinos y por el Vaticano, terminó convirtiéndose en el hecho decisivo para la beatificación de Fray Mamerto Esquiú.


La historia tuvo como protagonista a Emma, una bebé que en 2015 sufrió una infección devastadora cuando tenía apenas semanas de vida y cuya recuperación fue considerada inexplicable por la Iglesia Católica.


La historia fue reconstruida por La Nación y tiene como principal testigo al doctor Carlos Juárez, especialista en ortopedia y traumatología infantil, quien atendió a la niña en el Sanatorio 9 de Julio de San Miguel de Tucumán.


Todo comenzó el 6 de diciembre de 2015, cuando Juárez fue convocado desde el área de neonatología para revisar el estado de Emma, una recién nacida que había llegado con un cuadro severo de infección. La bebé había nacido el 20 de noviembre y rápidamente comenzó a presentar complicaciones.


Los primeros estudios indicaban que padecía una artritis séptica en la cadera, pero durante la cirugía los médicos descubrieron algo mucho más grave: la infección ya había alcanzado el fémur y otras zonas de la pierna.


Según explicó el traumatólogo, Emma también sufría osteomielitis, una infección ósea extremadamente agresiva, especialmente peligrosa en un bebé tan pequeño. La bacteria había ingresado inicialmente por una infección intestinal y luego se diseminó por el cuerpo hasta alojarse en zonas de menor defensa inmunológica.


El cuadro clínico empeoró rápidamente. Emma fue sometida a cuatro cirugías consecutivas, separadas apenas por algunos días, mientras los médicos intentaban controlar el avance de la infección. Sin embargo, los estudios seguían mostrando un deterioro progresivo del hueso.


Juárez recordó que las radiografías eran “dramáticas” y que prácticamente todo el fémur aparecía comprometido. El temor principal era que la bebé quedara con secuelas irreversibles o incluso que hubiera que amputar parte del hueso para evitar que la infección avanzara.


En un recién nacido, el fémur todavía posee una gran cantidad de tejido cartilaginoso y zonas de crecimiento extremadamente vulnerables. Según explicó el médico, los microorganismos estaban destruyendo esas estructuras y no lograban detener la enfermedad pese al tratamiento intensivo.


Mientras el estado de Emma empeoraba, comenzó a ocurrir algo que llamó la atención de todo el equipo médico. Las biopsias extraídas durante las operaciones desaparecían antes de llegar al laboratorio.

El especialista relató que eso no suele ocurrir en un sanatorio donde todo el procedimiento está estrictamente controlado. Sin embargo, tres muestras tomadas durante las intervenciones nunca llegaron a analizarse.


Ante esa situación, Juárez decidió personalmente enviar una cuarta biopsia, obtenida el 18 de diciembre de 2015, a un laboratorio de confianza. Pero esa muestra también desapareció.


La ausencia del resultado terminó retrasando una decisión quirúrgica que, según explicó el médico, habría sido devastadora para la niña: retirar prácticamente todo el fémur afectado.


En medio de la desesperación apareció la figura de Fray Mamerto Esquiú.


Juárez contó que el 14 de enero de 2016 pasó por la iglesia San Francisco y allí recibió unas estampas del fraile catamarqueño que contenían una reliquia. El médico ya conocía profundamente la historia de Esquiú porque era oriundo de Santa María, Catamarca, y su madre era devota del religioso.


Ese mismo día entregó una de las estampitas a la madre de Emma y comenzaron a rezar por la recuperación de la niña. Con el correr de las horas se sumaron familiares, amigos y allegados en una extensa cadena de oración.


Según el relato del traumatólogo, una tía de la bebé tomaba la estampita y la apoyaba sobre la pierna afectada mientras pedía por su curación.


Días después comenzó a producirse un cambio inesperado.


Las nuevas radiografías mostraban una recuperación acelerada y completamente fuera de lo habitual para un cuadro de semejante gravedad. El hueso comenzó a regenerarse y la infección desapareció.


Juárez aseguró que el 26 de enero las imágenes eran casi normales y que en apenas diez o doce días la evolución había cambiado de forma radical.


El médico recordó que, al observar las nuevas placas, sintió que “nada cerraba” desde el punto de vista científico. Por eso ordenaron nuevos estudios, tomografías y controles complementarios.


Todos confirmaban lo mismo: el fémur ya no estaba destruido y la cirugía extrema había dejado de ser necesaria.


Semanas más tarde ocurrió otro episodio que terminó fortaleciendo aún más la convicción del equipo médico.


El 2 de febrero apareció finalmente la biopsia perdida. La muestra llevaba más de un mes sin conservantes, algo que normalmente provoca la destrucción total del tejido y vuelve imposible cualquier análisis.


Pese a eso, el laboratorio decidió procesarla.


El resultado confirmó que Emma había padecido una osteomielitis crónica reagudizada y supurada, uno de los cuadros más severos dentro de este tipo de infecciones. Para ese momento, sin embargo, la niña ya estaba prácticamente recuperada.


Los médicos realizaron reuniones clínicas, revisaron estudios y analizaron todo el historial digitalizado del sanatorio. Nadie encontró una explicación médica satisfactoria para la evolución de Emma.


El caso comenzó entonces a tomar dimensión religiosa.


El padre del doctor Juárez comentó lo sucedido al entonces obispo de Catamarca, Luis Urbanc, quien inició contactos con autoridades eclesiásticas de Tucumán y con la orden franciscana.


A partir de allí se abrió formalmente la investigación canónica que terminaría años después en Roma.


El proceso de beatificación incluyó múltiples análisis médicos y teológicos. Declararon 16 médicos tucumanos y participaron especialistas del Hospital Bambino Gesù de Roma.


La Iglesia debía determinar si existía una explicación científica posible para la recuperación y también comprobar que la invocación había sido dirigida específicamente a Fray Mamerto Esquiú.


Finalmente, el Vaticano reconoció oficialmente el milagro y autorizó la beatificación del religioso catamarqueño.


La ceremonia se realizó el 4 de septiembre de 2021 en Piedra Blanca, Catamarca, tierra natal del fraile, y reunió a autoridades nacionales, provinciales y religiosas.


Fray Mamerto Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 y fue una de las figuras religiosas más influyentes de la historia argentina. Su recordado Sermón de la Constitución, pronunciado en 1853 tras la sanción de la Carta Magna, lo convirtió en una referencia moral y política de la organización nacional.


Por esa intervención histórica pasó a ser conocido como “el fraile de la Constitución”.


Actualmente Emma no presenta secuelas. Según explicó Juárez, los huesos crecieron normalmente y la niña desarrolla una vida completamente habitual.


El médico continúa realizando controles periódicos y sostiene que el caso marcó profundamente su vida profesional y espiritual.


“Si no tuviéramos las radiografías y toda la documentación, nadie creería que esa nena estuvo así”, afirmó.


Para el traumatólogo tucumano, la recuperación de Emma fue “un inmenso regalo de Dios” y el hecho que terminó abriendo el camino para que Fray Mamerto Esquiú fuera reconocido oficialmente como beato por la Iglesia Católica.


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