El trágico final de Thelma Stefani, la “Marilyn argentina”: depresión, un romance con Menem y el salto desde el balcón del piso 21

Interés General 30/04/2026 Por
El trágico final de Thelma Stefani, la “Marilyn argentina”: depresión, un romance con Menem y el salto desde el balcón del piso 21

- ¡Ya bajo!- dijo, por el portero eléctrico, la mujer con la voz pastosa, arrastrando las vocales.


Habían pasado las dos de la mañana del 30 de abril de 1986.


En la puerta del edificio estaba Alejandro Luvello, su novio, doce años más joven que ella. En ese momento llegó un propietario. Luvello le pidió que lo dejara pasar. El hombre le dijo que tenía que esperar que le abrieran la puerta. Apenas puso la llave en la cerradura, hubo un forcejeo. El joven quiso entrar a la fuerza. Estaba desesperado: “¡Es una emergencia!”, gritaba. A la discusión la interrumpió un ruido, como de ramas quebrándose. Cuando los hombres abandonaron su puja y giraron para ver de dónde provenía, un segundo ruido más fuerte que el anterior, un estruendo. Luvello entendió enseguida qué había sucedido.


Thelma Stefani se había tirado desde el balcón de su departamento del piso 21.


Menem, Monzón, desnudos, teatro de revistas, películas, tapas de revistas, Correccional de Mujeres, éxitos televisivos, peleas de divas, actores famosos, fama, presiones, depresión, un final terrible y prematuro. Todo eso tuvo su vida.



Thelma Stefani fue una actriz y vedette que tuvo bastante éxito en la década del setenta. Protagonizó películas, encabezó revistas en el Maipo, fue coprotagonista de telenovelas con buen rating.


Salió en tapa de revistas y estuvo en pareja con hombres famosos y poderosos. Pero su ánimo había decaído al mismo tiempo que su carrera. Era joven, tenía 37 años, pero añoraba los tiempos de éxito masivo. Sentía que el medio le daba la espalda, que no valoraba su talento. Los demonios interiores no la dejaban en paz.


Una semana antes, Thelma reunió a un grupo de amigos en su casa, los invitó a cenar. Cuando se aproximaron a la mesa, toda vestida de negro, en un ambiente oscuro, algo lúgubre, les dijo: “Somos 13. Uno de nosotros va a morir pronto”. Algunos creyeron que era una broma, otros se rieron nerviosamente y también estuvieron los que temieron, los que interpretaron la frase como un augurio nefasto.


La actriz se dedicaba al tarot y creía en el esoterismo. Hacía unos años que sufría de depresión, con algunos momentos mejores que otros pero con bajones pronunciados. Después de su muerte se supo que había tenido, un tiempo antes, un intento de suicidio a través de la ingesta de barbitúricos.


Algunos atribuían su tristeza profunda, su desesperación, a las dificultades laborales, a la pérdida del status de primera figura que alguna vez había tenido. Los más cercanos hablaban de su tendencia a la depresión, a los pronunciados bajones anímicos. En las revistas de chimentos la tesis que predominó fue el mal de amores, el desconsuelo por una pena del corazón. Hacía unos meses, la actriz había roto definitivamente con el entonces gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem, con quien mantenía una relación semiclandestina desde hacía años.



Thelma Stefani había nacido en 1948 en una casa de clase media de Villa Luro, Capital Federal. Su madre apoyó su vocación artística. Se dedicó a la danza clásica y permaneció en el Colón hasta que cumplió 20 años. Luego dejó el ballet para volcarse a la actuación y las tablas. En el inicio, un golpe del destino. Eber Lobato en medio de la preparación de Natacha, su primera película, se separó de Nélida Lobato, su esposa, vedette descollante y futura protagonista de su film. La disolución conyugal llevó a Nélida a abandonar el proyecto. Eber debió salir a buscar una mujer que pudiera suplir los atributos físicos y la habilidad danzarina de Nélida. Encontró a su reemplazante en Thelma Stefani. Una joven enérgica, voluptuosa, ambiciosa y con habilidad para bailar.


La película fracasó con el público y la crítica, pero presentó a la sociedad a Thelma. Hubo tapas de revistas, doble páginas centrales y los afiches con su cara por toda la ciudad. De inmediato, sorprendidos por sus habilidades escénicas -en especial por sus estudios de danza: las vedettes no solían tener demasiadas virtudes más allá de su físico- y su desparpajo -en Natasha aparecía desnuda en un par de escenas- los productores comenzaron a convocarla. A los pocos meses también la convocaron para Clínica con Música, película con Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle y Moria.


En 1975 fue la primera figura, la vedette principal, en dos revistas del Maipo dirigidas por Gerardo Sofovich y protagonizadas por Osvaldo Pacheco y la segunda también por Javier Portales.

A esa altura Thelma ya era conocida. Fue la actriz, el objeto de deseo, de Tiburón, Delfín y Mojarrita en La Aventura Explosiva, la tercera entrega de la saga de los Superagentes. Esa película fue importante para su vida personal, porque allí conoció a Ricardo Bauleo con quien se casó. El matrimonio duró unos pocos meses. Siguió actuando en un par de películas por año y participando de comedias pasatistas y revistas en los teatros de la Avenida Corrientes.


En 1983 llegó una oportunidad enorme, ser la contrafigura de Verónica Castro en Cara a Cara, una telenovela que se lanzó con gran pompa. Al poco tiempo tuvo problemas con la actriz mexicana y fue echada de la producción. Thelma sostenía que Verónica Castro no soportó los celos porque ella tenía mejores críticas y más fans, no aguantó que le hiciera sombra. La mexicana dijo que Thelma no había dado la talla, que no pudo afrontar un papel de tal magnitud. La pelea entre ellas a través de revistas y columnas de chimentos duró varias semanas.


En 1984, cuando la revista era un verdadero boom, que vendía alrededor de 200.000 ejemplares semanales, apareció desnuda en la tapa de Libre y en ocho páginas interiores: “A la gente le gusta verme en bolas. Y el público manda”, decía.


En 1985 participó de esa buena y alocada comedia que es El Telo y La Tele y en 1986 se estrenó, unas semanas antes de su suicidio, Correccional de Mujeres, ese clásico nacional del sexploitation. La película hizo la delicia de los valijeros, pero tuvo malas críticas y algunos de los espectadores se reían en el cine en las partes que se suponían más dramáticas. Eso, dicen, la deprimió más aún. Faltaban varios años para que la película fuera rescatada por la canción de Attaque 77 y, por ende, por una legión de adolescentes y jóvenes.


Además de haberse casado con Bauleo, fue pareja durante muchos años de Fabio Zerpa (al final de la relación ella no creía como Calamaro que Fabio tenía razón). Él le llevaba 20 años y como antes de ser el ufólogo más renombrado del país, había sido actor, le procuró varios contactos para abrirle puertas. Fue novia de los actores Daniel Miglioranza y de Ricardo Morán, con quien convivió más de tres años y al que los allegados de Thelma querían porque sostenían que se ocupaba de ella con devoción. También le atribuyeron un romance con Carlos Monzón cuando compartieron elenco en 1984 en la novela Pelear por la Vida (también dijeron que el boxeador salía en ese tiempo con la actriz principal de la telenovela, la gran Graciela Borges).



Pero el gran romance de Thelma Stefani de esos años fue con Carlos Saúl Menem. La serie dirigida por Ariel Winograd describe esa historia pero sin identificar, sin nombrar, a Thelma.


Se conocieron en una temporada de verano e iniciaron un romance clandestino y fogoso. Menem, entonces gobernador de La Rioja, hacía tambalear casi semanalmente su matrimonio con Zulema Yoma, una relación con tantas peleas como reconciliaciones e intereses políticos. Él llevaba a Thelma a La Rioja y se encontraban con frecuencia en sus visitas a la Capital.


La relación terminó a principios de 1986. Están los que sostienen que Thelma le dio un ultimátum: Zulema o yo. También los que muy convencidos afirman que Menem la dejó cuando decidió ser candidato presidencial, a raíz de que el romance se estaba filtrando a la prensa y eso horadaría su imagen pública, que ya era poco convencional.


Lo cierto es que tras la ruptura Thelma cayó en una depresión pronunciada que la desmejoró notablemente. Las pastillas para adelgazar y la autoexigencia para mantener el cuerpo de sus años de vedette también hicieron su trabajo.



En sus meses finales había empezado a salir con Luvello, un hombre bastante más joven que ella.


El 29 de abril pasó por la redacción de Editorial Perfil y arreglo otra producción de desnudos para Libre, en el paquete incluyó una sesión para Marlem Audille, una modelo brasileña amiga suya y compañera de elenco de Correccional de Mujeres, que buscaba una oportunidad.



A la noche llegó a su casa. Tomó dos botellas de cerveza e ingirió un par de Lexotanils. Inició una serie de llamados telefónicos a familiares y amigos. A la modelo brasileña le confirmó su sesión de fotos, de otros se despidió diciendo que iba a iniciar un largo viaje. Y escribió una frase, ya con el pulso temblequeando, en una hoja de papel: Estoy cansada. Ya no quiero vivir más. Antes de las 2 de la mañana del 30 de abril hizo su último llamado a Luvello, el que era su novio. Él se dio cuenta de que algo no andaba bien. Las palabras patinadas, el discurso inconexo, la tristeza insondable de su voz. Y le pidió, le rogó, que lo esperara, que no hiciera nada hasta que él llegara.


En pocos minutos llegó al edificio de Aguilar esquina Cabildo. El hombre tocó el portero eléctrico y escuchó el Ya bajo de Thelma. Luego la puja con el vecino que llegaba y se asustó con el intento de intrusión.

Después, la caída.


Thelma, tras colgar el portero eléctrico, caminó hacia el balcón. Sólo tenía puesto un deshabillé transparente. Se subió a la baranda y se dejó caer desde el piso 21, desde casi 70 metros de altura. Su cuerpo pegó contra unas ramas y luego aterrizó, destrozado, en el techo de una camioneta. Los dos hombres que estaban en la puerta corrieron hacia ella. Pese a los pedidos del novio de que aguantara a que llegara la ambulancia, ya nada había por hacer. Al minuto se sumó, en pijamas, el portero del edificio asustado por el fuerte ruido. Él dio aviso a la policía.


Una coincidencia macabra: más de 35 años después, en el mismo edificio de la calle Aguilar esquina Cabildo, pero un piso más arriba desde dónde se arrojó Thelma, se produjo el incendio en el departamento de Felipe Pettinato en el que murió su amigo neurólogo y por el que días atrás fue condenado a tres años de prisión (aunque sin cumplimiento efectivo).


Dos días después los kioscos se inundaron con la cara y la figura de Thelma Stefani. Fue tapa de la mayoría de las revistas de actualidad y del espectáculo. Gente, La Semana, TV Guía, Semanario, Flash y varias más. /TN


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